Blog everyday #12 Four walls, three words, two hearts, one love.
Una casa llena de vida, a pesar
de que únicamente viviera una persona ahí. La fachada humilde nunca fue un
problema para mí, era la casa que siempre me alegraba de ver después de un
largo viaje y, en el portal, estaba una de las mujeres que más llegue a amar.
El calor siempre le hacía desprender ese aroma tan característico de la gente
mayor, pero eso no me molestaba cuando la abrazaba con todas las fuerzas que
tenía en ese momento. Ella me regresaba el abrazo y me saludaba como siempre:
“Que linda es mi niña”, no importaba que estuviera cansada y con ropa ligera
por el largo viaje, eso nunca pareció importarle.
No tenía mucho que ofrecer, un poco de comida,
que mi papá aceptaba encantado, y algunas de las piezas que usaba para
entretenerse. Llegamos a tener tantas que ya no teníamos donde guardarlas, aun
así siempre las aceptábamos porque le hacía feliz saber que nos ayudaba en
algo.
Una vez fue a visitarnos, hacía
frio y aun así andaba con sus batas de diario. Una mañana baje y la vi sentada
en el patio, mirando el firmamento y tarareando una de las pocas canciones que
recordaba.
La otra casa era un poco más
grande, en mejor estado aunque por algún motivo siempre olía a polvo. Ella no
me recibía en la puerta apenas llegaba, pero si me abrazaba y me cantaba por el
tiempo que no podía hacerlo. Los botones de su blusa siempre quedaban a la
altura de mi cara, raspándome al más mínimo movimiento. Ella no desprendía
aquel aroma que rebelaría su edad, olía al polvo que usaba para maquillase, a
pesar de ser hermosa aun sin este.
Siempre nos ofrecía un lugar en
la mesa y alguna bebida fría para soportar el calor. Siempre me preguntaba si
no teníamos frio, aun sabiendo que veníamos de una tierra aún más fría. Siempre
sonreía, aun en sus peores días, siempre sonreía.
Tuve la suerte de estar con ellos
en sus bodas de oro, aunque era muy pequeña para entender que era. Para mi
ellos se amaban tanto que habían decidido casarse de nuevo.
Me gustaría volver a verlas, me
gustaría volver a ser pequeña y contarles las cosas que me pasan ahora que me volví
un adulto. Pero se fueron, se fueron a cantar en el cielo.
Una era necia, pero amable. La
otra era rebelde, pero con modales. Ambas pertenecían a diferentes mundos y sus
vidas fueron totalmente opuestas. Las dos cantaban, las dos bromeaban, las dos
me amaron y yo las amo a ellas.
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