Por una vez me gustaría que me miraras y me dijeras que me amas.
Hoy creí distinguir tu figura en la multitud. Un hombre de tu misma estatura y con tu mismo cabello. No me atreví a mirar a su rostro para comprobar si eras tú. Principalmente porque no deseaba incomodar a un extraño ni darte indicios de que te había reconocido. No quise mirar porque, en caso de toparte con tus ojos, explotaría en furia si viera como tu mirada cobarde guía de la mía; no quise mirar y descubrir que no me habías notado; no quise mirar y que las emociones que apretaban contra mi pecho explotaran. Por un segundo me di la oportunidad de fantasear que eras tu. Que me habías distinguido y tu cobarde ser empezó a gritar en pánico, pánico por si te hablaba, por te miraba, que tu rostro hiciera esa estúpida mueca cuando estas incomodo, esa misma cara que ponías cada vez que veías a alguien que conociste en tus antiguas escuelas y, por algún motivo que nunca entenderé, no querías que te hablaran, que te reconocieran. Por un momento me di la oportunidad de fantasear que ...