Blog everyday #11 Entre estanterías
Muchos son los años vivos ahí
escondido, tantos que una columna de polvo se acumulaba entre sus tapas. No
recordaba cómo había llegado ahí, no es como si un libro tuviera una gran
memoria.
Desconocía donde estaba su dueño
original, desconocía también el porqué de su decisión de esconderlo entre aquel
laberinto de conocimiento. Columnas y columnas de lomos de colores eran sus
únicos compañeros, y eran igual de conversadores que él.
A veces una cabeza curiosa se
asomaba por unos de los muchos pasillos del sitio, pero ningunos se detenía
para admirar su cubierta color vino y las letras doradas donde rezaba su
nombre. Otras eran peor y solo oía el susurro de unas voces perdidas por los
muros de estanterías.
En el vacío de aquel lugar, solo
existía una cosa que deseara más que nada en todo el mundo, volver a ser
hojeado por una mano amiga. Desde su nacimiento que no era uno de los libros
más populares, recordaba como las personas preferían a un compañero de menos
hojas y con nombres que aludían a una aventura fantástica y si tomaban libros
gruesos, siempre eran de autores viejos, cuya tinta comenzaba a desvanecerse.
Desconocía el paradero de su autor, pero estaba seguro de que había puesto el
mismo empeño y cariño en sus páginas como Shakespeare tuvo a sus obras, pero
nadie parecía apreciar el esfuerzo.
Ahí estaba otra vez aquel sonido, el rechinar
de una puerta a lo lejos que indicaba un nuevo visitante. Le gustaría decir que
no quedaba ni un rastro de esperanza de ser encontrado, pero estaría mintiendo.
Aún tenía un atisbo de emoción entre sus amarillentas hojas. El ritmo de los pasos fue acercándose
entre la multitud de pasillos, haciendo eco en los altos techos. Una mano
inocente acariciaba los lomos de sus compañeros con el cuidado y el amor de una
madre. Se detuvo en su sitio. Lo saco con cuidado del pequeño rincón donde se
escondía y miro con ojos curiosos su nombre; hojeo sus hojas, haciendo que los
muros de polvo de todos esos años cayeran. No dijo una palabra y recorrió el
camino de vuelta, esta vez con él sujetado con sumo cuidado debajo de su brazo.
Un par de hombres, que hablaban
cerca de lo que suponía era la puerta, voltearon a ver al pequeño cuando estuvo
lo suficientemente cerca. — ¿Ya has elegido uno, Daniel?—El niño lo sujeto con
más fuerza entre sus brazos y asintió con la cabeza.
Nota: Esta es otra tarea que escribi para la escuela y había olvidado que tenía. Sí entienden a que me refiero, pues gracias (?)
Loretta, si estas leyendo esto: Gracias por presentarme esos libros tan bonitos.
Comentarios
Publicar un comentario